Esta pluma ciega se niega a escribir
Las palabras paridas en días de lluvia
Ya no quiere cantar, ni llorar, ni reir
Guardando un silencio de angustia

En verdes campos resuenan portazos,
Los vientos ya no saben soplar ni rugir
Y el mar, siempre presente, se calla
Y hasta el mismo cielo parece morir.

Maldita la eterna palidez de la muerte
Que niega posada a tus besos amargos
Que cierra sus puertas al aire y al sol

Maldito silencio de un llanto profundo
Que siembra de sal los campos arados
Que siega los gritos de tu desamor.