Sobre las piedras eternas,
serenas y quietas,
del lecho del rio que nos lleva,
helado y furioso,
voy dejando mil heridas,
rojas y abiertas,
y bebiendo los cantos del aire,
limpio y brioso,
en busca de tu presencia,
armoniosa y clara,
que despierta las nubes del dolor
y resucita mi viejo corazón.