Posteado por: fukoas | Agosto 7, 2008

Carolina y la isla del Dragón

Hace no muchos años, en un lugar no tan lejano, vivía la princesa de las cosas pequeñas, una niña de ojos castaños y sonrisa de luna. Su nombre era Carolina.

Un día de verano, acompañada de su hermana Sabela, el hada de todos los vientos, marchó con sus padres a una aventura mágica. Iban a una isla bañada por otro mar, distinto del que ellas conocían. Mientras su Atlántico era bravío y frio casi siempre, el Mediterraneo era cálido y tranquilo, pero en ocasiones sus enfados eran terribles y causaba furiosas tempestades.

Cuando llegaron, salieron a dar un paseo junto al mar. Carolina iba, como siempre, escuchando las voces de las pequeñas cosas: el rumor ronco de los pinos, el susurro monótono de las cigarras, el canto sereno de las adelfas, … pero otros sonidos fueron captando su atención: las personas con las que se cruzaban hablaban multitud de lenguas diferentes, y Carolina, sin conocer lo que decían, oyó hablar en inglés, ruso, alemán, italiano, catalán, francés, …

Tan asombrada estaba que no escuchó a la primera que una vocecita a su espalda la llamaba:
- “!Carolina¡ ¡Escucha!”
Carolina se giró sorprendida, soltándose de la mano de su padre. Era una pequeña cigarra que le continuó hablando:

- “¿Eres tu la Princesa de las Cosas Pequeñas?”
- “Si, lo soy” – respondió Carolina – “Y tu, ¿quién eres?”
- “Yo soy Sa Cigar, una cigarra de los pinares de Es Trenc y llevamos muchas generaciones esperando tu visita”
- “¿Como es eso posible?” – preguntó Carolina – “¿Sabías que vendría de vacaciones a Mallorca?”
- “¿Vacaciones?” – dijo Sa Cigar – “Entonces, ¿no has venido a resolver el misterior del Dragón?”
- “¿El misterio del Dragón?”- inquirió Carolina – “Cuéntame más, por favor”.

Entonces, saltando a su lado por la orilla del paseo marítimo, Sa Cigar fué contando a Carolina la historia mágica de la Isla. Le contó que hace mucho, mucho tiempo cuando aún vivían los dragones, no existía toda la isla, tan solo un pequeño islote. Un dragón solía posarse en el islote y vigilaba el mar, sobrevolando las olas y custodiando las mareas. Pero el Dragón creció y creció, tanto y tan rápido que pronto fue más grande que el propio islote. Tanto comía que los pescadores no encontraban nada cuando salían a la mar y pidieron ayuda a un mago de la costa. Era el Mago Bel Ver, que navegó hasta el islote para combatir al Dragón. Muchos días y muchas noches enfrentó su magia a la fuerza del Dragón hasta que logró vencerlo y convertirlo en piedra, haciendo del pequeño islote, lo que hoy es la isla de Mallorca. Pero el corazón del Dragón aún late bajo la piedra y siembra el temor de su regreso entre los viejos pescadores.
- “Debes encontrar el corazón del Dragón” – sentención Sa Cigar – “Sólo tu puedes hacerlo ya que eres la descendiente del viejo Mago”.

- “Pero, ¿por donde empiezo?” – dijo Carolina preocupada.

- “Tu eres la Princesa de las Cosas Pequeñas, busca dentro de ti y encontrarás las respuestas” – dijo Sa Cigar – “Ahora me voy, pero nos volveremos a ver”.
Al día siguiente, Carolina y Sabela fueron con sus padres a la playa de Es Trenc y nada más llegar, un grupo de cigarras con Sa Cigar a la cabeza les esperaban y les fueron acompañando desde Ses Salines.
- “Estas salinas que ves son lo que queda de las lágrimas del Dragón una vez vencido por el Mago” – les contó Sa Cigar – “Y la playa de aguas claras y muy saladas dicen que refleja todavía su última mirada de tristeza”
- “¿Crees que encontraré aqui la primera pista?” – preguntó Carolina.
- “Eso espero, eres la única que puede hacerlo” – respondió enigmática Sa Cigar.
Mientras sus padres se tomaban el sol, Carolina y Sabela pasearon por la orilla atentas a cualquier pequeña señal. De repente, una cosa llamó su atención: una piedra sobresalía de la arena blanca. Se acercaron e intentaron levantarla, estaba pulida y sobre su base un dragón dibujado con la leyenda “Sa Calobra”. Corrieron al pinar, atravesando las dunas, y llamando a Sa Cigar. De repente, una vocecita les contestó:
- “Ya os oigo, dejad de gritar” – dijo Sa Cigar – “¿Qué habeis encontrado?”.
- “Esto” – dijo Sabela, enseñándole el pequeño disco de piedra.
- “Vaya, vaya” – dijo Sa Cigar – “Parece muy antiguo, y desde luego indica una dirección: la cala de Sa Calobra”.
- “¿Sa Calobra?” – preguntaron las niñas al unísono – “¿Qué es Sa Calobra?”
- “Es una pequeña cala entre acantilados” – les explicó Sa Cigar – “Dice la leyenda que es la boca petrificada del Dragón. Seguro que alli encontrais nuevas pistas porque su nombre recuerda a la culebra, la serpiente que desciende de los dragones”.
Al día siguiente, desde el puerto de Soller cogieron un barco que les llevó a la cala de Sa Calobra y por las petrificadas entrañas del Dragón, a la playa de Torrent des Pareis donde parecía comenzar la garganta petrificada del viejo dragón, allí entre las paredes de los acantilados una voz los llamó.
- “¿Sois Carolina y Sabela?” – dijo una pequeña lagartija desde una grieta en la pared
- “Si, ¿quien eres tu?” – respondió Carolina.
- “Yo soy Calobreta, y el rumor de las cigarras de todos los pinares de la isla me han traido la noticia de vuestra visita”
- “¿Sabes donde podemos buscar una nueva pista para resolver el misterio del Dragón?” – preguntó ansiosa Carolina.
- “No sé donde está la pista, pero sé que tu serás capaz de encontrarla, para eso eres la princesa de las cosas pequeñas y sabes la magia del lenguaje de las cosas corrientes”.
Se despidieron de Calobreta y se dirigieron a la orilla del mar, desde allí era posible ver la entrada del acantilado y cuando admiraban el paisaje, una ráfaga de viento agitó sus cabellos haciendo un ruido muy particular al soplar entre las paredes de roca. Entonces aguzaron sus pequeños oidos y descubrieron la nueva pista, de la garganta petrificada, profunda y fría salía lo que parecía la voz ronca del Dragón a los oídos que supieran escuchar, repitiendo a cada ráfaga un monótono mensaje: “Les Coves”. Sin saber muy bien el significado de lo que habían escuchado, corrieron a buscar a sus padres y les preguntaron que significaban esas palabras. Su padre, que sabía un poco de catalán, les contestó:
- “Significa las cuevas y toda la isla está llena de cuevas, pero las más importantes y conocidas son las Cuevas del Drach, las Cuevas del Dragón. ¿Quereis que vayamos mañana a conocerlas?”
- “Si, si, si” – respondieron las dos niñas saltando alrededor de sus padres.
Al amanecer del día siguiente, ya estaban ambas preparadas para el pequeño viaje que les llevaría a Porto Cristo y una vez alli, a las entrañas del Dragón, a las cuevas. Entraron a las cuevas por unas escaleras de piedra y comenzaron a descender por lo que parecían los órganos, las venas, … del viejo Dragón convertido en piedra, hasta alcanzar un gran espacio abierto con un lago interior de profundo color azulverdoso. Mientras sus padres y Carolina veían el espectáculo musical en el lago, Sabela, el hada de todos los vientos, cayó en un profundo sueño. En su sueño, el Mago Bel Ver le habló y le dijo que para resolver el misterio tendrían que acabar el recorrido por el Dragón. Ya habían conocido los ojos, la boca, las entrañas del Dragón y deberían acabar visitando su cola petrificada: el Cap de Formentor. Cuando despertó, ya fuera de las cuevas, se lo contó con su lengua de trapo a Carolina y decidieron pedir a sus padres visitar esa zona de la isla.
La carretera que les llevó al Cap de Formentor era complicada y obligaba a estar a su padre muy concentrado, lo que aprovecharon ellas para no perder detalle desde las ventanillas del coche. Cuando alcanzaron el final y vieron como se dibujaba contra la linea del horizonte la vieja cola del Dragón convertida ahora en montaña y acantilados, conocieron la última pista: el secreto que resolvería el misterio no está en el viejo Dragón petreo, sino en el viejo islote donde sucedió todo: la colina sobre Palma donde se alza el castillo que construyó el Mago tras la batalla y donde vivió durante largo tiempo.
La visita a Palma era casi la despedida de las vacaciones en Mallorca, o sea, la última oportunidad para descubrir el misterio del Dragón. Subieron hasta el castillo y en la misma entrada, sentadas en un escalón de la empinada escalera vieron el secreto que resolvía el misterio del Dragón: una impresionante vista de la ciudad de Palma se extendía a sus pies, majestuosa frente al mar azul. Comprendieron entonces que el misterio del Dragón era la razón mágica para conocer las entrañas de la verdad de la isla, que la magia no está en viejos Magos y Dragones, sino en el viaje mágico de conocer los sitios que se visitan, que la verdadera magia está en el propio viaje no en llegar a ningún destino, ni resolver ningún misterio. La leyenda les había llevado a todos los rincones de la isla, convirtiéndolas de turistas en viajeras, haciendo de cada instante una aventura.
Cuando el avión despegaba del aeropuerto de Palma y se elevaba sobre la ciudad, miraron por la ventanilla y buscaron el castillo de Bel Ver, y entre los movimientos y giros del avión, les pareció oir la ronca voz de Sa Cigar despidiéndose:
- “Adios, Carolina, Princesa de las Cosas Pequeñas. Adios, Sabela, Hada de Todos los Vientos. Esperamos que volvais algún dia a visitarnos y no olvideis que siempre hay que lanzarse en pos de la aventura. La propia aventura es la que nos recuerda que estamos vivos”.
Agitando su mano, las niñas se despidieron de Sa Cigar, Calobreta, y de Mallorca, que tantos buenos momentos les había dado.


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